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El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina IV ... Este era el hombre con quien debia unir su suerte doña Beatriz... Llego por fin esta acompañada de su tia y ataviada como aquel caso lo pedian y haciendo una ligera referencia al conde se sentó en otro sillon destinado para ella en la parte de adentro de la reja...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina IV ... Este era el hombre con quien debia unir su suerte doña Beatriz... Llego por fin esta acompañada de su tia y ataviada como aquel caso lo pedian y haciendo una ligera referencia al conde se sentó en otro sillon destinado para ella en la parte de adentro de la reja...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XIX... - Si, si, tráeme mi vestido blanco, porque quiero pasearme por el lago. Estoy mejor, mucho mejor; y el dia me parece hermosísimo. Vos aquí tambien, don Alvaro! Y vos venerable padre! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XIX... - Si, si, tráeme mi vestido blanco, porque quiero pasearme por el lago. Estoy mejor, mucho mejor; y el dia me parece hermosísimo. Vos aquí tambien, don Alvaro! Y vos venerable padre! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina III ... La mayor parte de aquellas pobres gentes a quienes doña Beatriz hacia asistido en sus enfermedades y socorrido en sus miserias, que siempre la habian visto aparecer en sus hogares como un ángel de consuelo y de paz, se precipitaron a su encuentro con voces y alaridos lamentables besándole unos las manos y otros la falda de su vestido.

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina III ... La mayor parte de aquellas pobres gentes a quienes doña Beatriz hacia asistido en sus enfermedades y socorrido en sus miserias, que siempre la habian visto aparecer en sus hogares como un ángel de consuelo y de paz, se precipitaron a su encuentro con voces y alaridos lamentables besándole unos las manos y otros la falda de su vestido.

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XV... Por risueños puntos de vista que ofrezcan las orillas del Cua y del Sil, fuerza es confesar que la calma, bonanza y plácido sosiego del lago de Carucedo no tiene igual tal vez en el antiguo reino de Leon. Doña Beatriz casi arrobada en la contemplacion de aquel hermoso y rutilante espejo guarnecido de su silvestre marco de peñascos, montañas, praderas y arbolados, parecia engolfada en sus pensamientos. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XV... Por risueños puntos de vista que ofrezcan las orillas del Cua y del Sil, fuerza es confesar que la calma, bonanza y plácido sosiego del lago de Carucedo no tiene igual tal vez en el antiguo reino de Leon. Doña Beatriz casi arrobada en la contemplacion de aquel hermoso y rutilante espejo guarnecido de su silvestre marco de peñascos, montañas, praderas y arbolados, parecia engolfada en sus pensamientos. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XI... A don Alvaro le dejaron tambien en la suya, y a la luz del nuevo dia que no tardo en teñir los celajes del oriente, lo encontró mudado en otro hombre y ligado con votos que solo al poder de la muerte le parecia dable desatar.  ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XI... A don Alvaro le dejaron tambien en la suya, y a la luz del nuevo dia que no tardo en teñir los celajes del oriente, lo encontró mudado en otro hombre y ligado con votos que solo al poder de la muerte le parecia dable desatar. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XVII...  Los tres guardaban silencio como si temiesen interrumpir con sus palabras la calma de aquel hermoso espectaculo, cuando un resplandor que venia del lado de Carracedo dio en los ojos de don Alvaro, y fijandolos con mas cuidado en aquel parage, vio un hombre de armas ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XVII... Los tres guardaban silencio como si temiesen interrumpir con sus palabras la calma de aquel hermoso espectaculo, cuando un resplandor que venia del lado de Carracedo dio en los ojos de don Alvaro, y fijandolos con mas cuidado en aquel parage, vio un hombre de armas ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XVIII ...  Él es! él es! esclamó doña Beatriz con la mayor vehemencia; ese es el mismo yelmo y el mismo penacho que llevaba en la noche fatal de Villabuena. Salid, salid, noble don Alvaro! ¡Oh Dios mio, gracias mil, de que no me abandone en este trance de amargura! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XVIII ... Él es! él es! esclamó doña Beatriz con la mayor vehemencia; ese es el mismo yelmo y el mismo penacho que llevaba en la noche fatal de Villabuena. Salid, salid, noble don Alvaro! ¡Oh Dios mio, gracias mil, de que no me abandone en este trance de amargura! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XIV ... Una mañana pues, que Saldaña se paseaba por los adarves que miran al poniente y veia correo el Sil á sus pies con sordo murmullo, vino un aspirante á decirle que un montañés solicitaba hablarle... - Dios os guarde señor comendador. Acá estamos todos. -¿Eres tu, Andrade? respondio en comendador sorprendido. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XIV ... Una mañana pues, que Saldaña se paseaba por los adarves que miran al poniente y veia correo el Sil á sus pies con sordo murmullo, vino un aspirante á decirle que un montañés solicitaba hablarle... - Dios os guarde señor comendador. Acá estamos todos. -¿Eres tu, Andrade? respondio en comendador sorprendido. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XII ... Don Alvaro, dijo por fin con mal disimulado regocijo, mañana vienen. Ya lo sé, respondió el joven; oid como clavan ó las escalas ó el puente de vigas que piensan suplir el levadizo para atacar la puerta cuando nos hayan ganado la barbacana. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XII ... Don Alvaro, dijo por fin con mal disimulado regocijo, mañana vienen. Ya lo sé, respondió el joven; oid como clavan ó las escalas ó el puente de vigas que piensan suplir el levadizo para atacar la puerta cuando nos hayan ganado la barbacana. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina V ... Quedaronse entonces entambos en silencio como embebecidos en la contemplacion del soberbio punto de vista que ofrecia aquel alcázar reducido y estrecho, pero que semejante al nido de las aguilas, dominaba la llanura. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina V ... Quedaronse entonces entambos en silencio como embebecidos en la contemplacion del soberbio punto de vista que ofrecia aquel alcázar reducido y estrecho, pero que semejante al nido de las aguilas, dominaba la llanura. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina VII...  Don Alvaro tardó bastantes horas en volver á su conocimiento por el aturdimiento de su caída y por la mucha sangre que con sus heridas habia perdido. Lo primero que vieron sus ojos al abrirse fué á su fiel Millan que de pie al lado de su cama, estaba observando con particular solicitud sus movimientos. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina VII... Don Alvaro tardó bastantes horas en volver á su conocimiento por el aturdimiento de su caída y por la mucha sangre que con sus heridas habia perdido. Lo primero que vieron sus ojos al abrirse fué á su fiel Millan que de pie al lado de su cama, estaba observando con particular solicitud sus movimientos. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina VIII...  El abad y don Alonso se quedaron solos por un momento delante del cadaver todavia caliente. -¡Pobre y angelical señora! tu ciega solicitud y extremada ternura han labrado la desdicha de tu hija unica. ¡La paz sea sobre tus restos! Pero vos, añadio volviéndose al señor de Arganza con el ademan de un profeta, vos habeis herido el arbol en la raiz! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina VIII... El abad y don Alonso se quedaron solos por un momento delante del cadaver todavia caliente. -¡Pobre y angelical señora! tu ciega solicitud y extremada ternura han labrado la desdicha de tu hija unica. ¡La paz sea sobre tus restos! Pero vos, añadio volviéndose al señor de Arganza con el ademan de un profeta, vos habeis herido el arbol en la raiz! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina I ... Llevaban los tres conversación muy tirada, y como era natural, hablaban de las cosas de sus respectivos amos elogiándolos á menudo y entreverando las alabanzas con su capa correspondiente de murmuración.....

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina I ... Llevaban los tres conversación muy tirada, y como era natural, hablaban de las cosas de sus respectivos amos elogiándolos á menudo y entreverando las alabanzas con su capa correspondiente de murmuración.....

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina VI... Doña Beatriz reunio las pocas fuerzas que le quedaban para tan doloroso momento y acercandose al caballero, se quito del dedo una sortija y la puso en el suyo diciéndole: - Tomad ese anillo prenda y simbolo de mi fé pura y acendrada como el oro; y en seguida cogiendo el puñal de don Alvaro, se corto una trenza de sus negros y largos cabellos que todavia caian desechos por sus hombros y cuello y se la dio igualmente. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina VI... Doña Beatriz reunio las pocas fuerzas que le quedaban para tan doloroso momento y acercandose al caballero, se quito del dedo una sortija y la puso en el suyo diciéndole: - Tomad ese anillo prenda y simbolo de mi fé pura y acendrada como el oro; y en seguida cogiendo el puñal de don Alvaro, se corto una trenza de sus negros y largos cabellos que todavia caian desechos por sus hombros y cuello y se la dio igualmente. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina IX... Don Alonso viendo la inutilidad de sus propuestas, se habia puesto al lado de los recién venidos con el animo al parecer de ayudarles, pero desarmado como estaba fácil hubiera sido a las gentes de su yerno apartarlo a viva fuerza del lugar del combate. Doña Beatriz entonces se levanto y poniéndose por medio de los encarnizados enemigos, dijo al conde con tranquila severidad.  ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina IX... Don Alonso viendo la inutilidad de sus propuestas, se habia puesto al lado de los recién venidos con el animo al parecer de ayudarles, pero desarmado como estaba fácil hubiera sido a las gentes de su yerno apartarlo a viva fuerza del lugar del combate. Doña Beatriz entonces se levanto y poniéndose por medio de los encarnizados enemigos, dijo al conde con tranquila severidad. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XX ... Arrodillose sobre la sepultura y en oracion ferviente pasó mas de una hora  ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XX ... Arrodillose sobre la sepultura y en oracion ferviente pasó mas de una hora ...

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