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Cantar de los cantares 2, 10b-13 (el novio): "Levántate, compañera mía, hermosa mía, y ven, paloma mía. Acaba de pasar el invierno, y las lluvias ya han cesado y se han ido. Han aparecido las flores de la tierra, ha llegado el tiempo de las canciones, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra.Las higueras hechan sus brotes y las viñas nuevas exhalan su olor".

Cantar de los cantares 2, 10b-13 (el novio): "Levántate, compañera mía, hermosa mía, y ven, paloma mía. Acaba de pasar el invierno, y las lluvias ya han cesado y se han ido. Han aparecido las flores de la tierra, ha llegado el tiempo de las canciones, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra.Las higueras hechan sus brotes y las viñas nuevas exhalan su olor".

Parábolas para niños: La fe del centurión

Parábolas para niños: La fe del centurión

Cantar de los cantares 2,16 (la novia): "Mi amado es para mi y yo para mi amado; lleva a su rebaño a pastar entre los lirios. Antes que sople la brisa del día y huyan las sombras, amado mío, vuelve, como la gacela o el cabrito, por los montes de las balsameras".

Cantar de los cantares 2,16 (la novia): "Mi amado es para mi y yo para mi amado; lleva a su rebaño a pastar entre los lirios. Antes que sople la brisa del día y huyan las sombras, amado mío, vuelve, como la gacela o el cabrito, por los montes de las balsameras".

Cantar de los cantares 2, 8-9: "¡La voz de mi amado! Miren como viene saltando por los montes, brincando por lo cerros, mi amado, como una gacela o un cabrito. Ahora se detiene detrás de nuestra cerca, y se pone a mirar por las ventanas, a espiar por las rejas."

Cantar de los cantares 2, 8-9: "¡La voz de mi amado! Miren como viene saltando por los montes, brincando por lo cerros, mi amado, como una gacela o un cabrito. Ahora se detiene detrás de nuestra cerca, y se pone a mirar por las ventanas, a espiar por las rejas."

Cuando comience el fin de esos tres minutos que parecieron eternos, empieza a limpiarte las lágrimas y los mocos. Quítate de la cara los últimos signos de compungimiento. Luego dejarás –casi automáticamente– de dirigir la atención a ti mismo ... Texto de ‹sgvn› | Ilustración de Selket Yhay

Cuando comience el fin de esos tres minutos que parecieron eternos, empieza a limpiarte las lágrimas y los mocos. Quítate de la cara los últimos signos de compungimiento. Luego dejarás –casi automáticamente– de dirigir la atención a ti mismo. Destapa…

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